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Author: Erik Nordin <enordin@mozilla.com>
Date: Fri, 3 Oct 2025 19:26:49 +0000
Bug 1991761 - Remove Spanish benchmark page r=translations-reviewers,gregtatum
This patch removes the Spanish Translations benchmark
page, which will no longer be used in Firefox CI tests.
Differential Revision: https://phabricator.services.mozilla.com/D266894
Diffstat:
6 files changed, 0 insertions(+), 810 deletions(-)
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@@ -1,109 +0,0 @@
-/* Any copyright is dedicated to the Public Domain.
- https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/ */
-
-"use strict";
-
-/**
- * This metadata schema is parsed by the perftest infrastructure.
- *
- * The perftest runner then scrapes the logs for a JSON results matching this schema,
- * which are logged by the TranslationsBencher class.
- *
- * @see {TranslationsBencher.Journal}
- */
-const perfMetadata = {
- owner: "Translations Team",
- name: "Full-Page Translation (Spanish to English)",
- description:
- "Tests the speed of Full Page Translations using the Spanish-to-English model.",
- options: {
- default: {
- perfherder: true,
- perfherder_metrics: [
- {
- name: "engine-init-time",
- unit: "ms",
- shouldAlert: true,
- lowerIsBetter: true,
- },
- {
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- },
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- },
-};
-
-/**
- * Request 4x longer timeout for this test.
- */
-requestLongerTimeout(4);
-
-/**
- * Runs the translations benchmark tests from Spanish to English.
- */
-add_task(async function test_translations_performance_es_en() {
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-});
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@@ -505,11 +505,6 @@ class TranslationsBencher {
tokenCount: 12955,
wordCount: 9575,
},
- [SPANISH_BENCHMARK_PAGE_URL]: {
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/**
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@@ -5,5 +5,3 @@ support-files = [
"!/toolkit/components/translations/tests/browser/translations-test.mjs",
]
-["browser_translations_perf_es_en.js"]
-disabled = "Disabled since we want to run this only as perftest, not in regular CI."
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@@ -3,7 +3,6 @@ support-files = [
"head.js",
"shared-head.js",
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"translations-tester-blank.html",
"translations-tester-pdf-file.pdf",
diff --git a/toolkit/components/translations/tests/browser/shared-head.js b/toolkit/components/translations/tests/browser/shared-head.js
@@ -69,7 +69,6 @@ const PDF_TEST_PAGE_URL = _url("translations-tester-pdf-file.pdf");
const SELECT_TEST_PAGE_URL = _url("translations-tester-select.html");
const TEXT_CLEANING_URL = _url("translations-text-cleaning.html");
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-const SPANISH_BENCHMARK_PAGE_URL = _url("translations-bencher-es.html");
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URL_ORG_PREFIX + DIR_PATH + "translations-tester-es.html";
diff --git a/toolkit/components/translations/tests/browser/translations-bencher-es.html b/toolkit/components/translations/tests/browser/translations-bencher-es.html
@@ -1,692 +0,0 @@
-<!DOCTYPE html>
-<html lang="es">
-<head>
- <meta charset="utf-8" />
- <title lang="en">Translations Benchmark</title>
-</head>
-<body>
- <div>
- <header lang="en">The following is an excerpt from Don Quijote de la Mancha, which is in the public domain</header>
- <h1>El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha</h1>
- <div>
- <h3><a id="id_1_tasa"></a>TASA</h3>
- <p>Yo, Juan Gallo de Andrada, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, de
- los que residen en su Consejo, certifico y doy fe que, habiendo visto por
- los señores dél un libro intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha,
- compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, tasaron cada pliego del dicho
- libro a tres maravedís y medio; el cual tiene ochenta y tres pliegos, que
- al dicho precio monta el dicho libro docientos y noventa maravedís y medio,
- en que se ha de vender en papel; y dieron licencia para que a este precio
- se pueda vender, y mandaron que esta tasa se ponga al principio del dicho
- libro, y no se pueda vender sin ella. Y, para que dello conste, di la
- presente en Valladolid, a veinte días del mes de deciembre de mil y
- seiscientos y cuatro años.</p>
- <p>Juan Gallo de Andrada.</p>
- <h3><a id="id_1_erratas"></a>TESTIMONIO DE LAS ERRATAS</h3>
- <p>Este libro no tiene cosa digna que no corresponda a su original; en
- testimonio de lo haber correcto, di esta fee. En el Colegio de la Madre de
- Dios de los Teólogos de la Universidad de Alcalá, en primero de diciembre
- de 1604 años.</p>
- <p>El licenciado Francisco Murcia de la Llana.</p>
- <h3><a id="id_1_rey"></a>EL REY</h3>
- <p>Por cuanto por parte de vos, Miguel de Cervantes, nos fue fecha relación
- que habíades compuesto un libro intitulado El ingenioso hidalgo de la
- Mancha, el cual os había costado mucho trabajo y era muy útil y provechoso,
- nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le
- poder imprimir, y previlegio por el tiempo que fuésemos servidos, o como la
- nuestra merced fuese; lo cual visto por los del nuestro Consejo, por cuanto
- en el dicho libro se hicieron las diligencias que la premática últimamente
- por nos fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que
- debíamos mandar dar esta nuestra cédula para vos, en la dicha razón; y nos
- tuvímoslo por bien. Por la cual, por os hacer bien y merced, os damos
- licencia y facultad para que vos, o la persona que vuestro poder hubiere, y
- no otra alguna, podáis imprimir el dicho libro, intitulado El ingenioso
- hidalgo de la Mancha, que desuso se hace mención, en todos estos nuestros
- reinos de Castilla, por tiempo y espacio de diez años, que corran y se
- cuenten desde el dicho día de la data desta nuestra cédula; so pena que la
- persona o personas que, sin tener vuestro poder, lo imprimiere o vendiere,
- o hiciere imprimir o vender, por el mesmo caso pierda la impresión que
- hiciere, con los moldes y aparejos della; y más, incurra en pena de
- cincuenta mil maravedís cada vez que lo contrario hiciere. La cual dicha
- pena sea la tercia parte para la persona que lo acusare, y la otra tercia
- parte para nuestra Cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo
- sentenciare. Con tanto que todas las veces que hubiéredes de hacer imprimir
- el dicho libro, durante el tiempo de los dichos diez años, le traigáis al
- nuestro Consejo, juntamente con el original que en él fue visto, que va
- rubricado cada plana y firmado al fin dél de Juan Gallo de Andrada, nuestro
- Escribano de Cámara, de los que en él residen, para saber si la dicha
- impresión está conforme el original; o traigáis fe en pública forma de cómo
- por corretor nombrado por nuestro mandado, se vio y corrigió la dicha
- impresión por el original, y se imprimió conforme a él, y quedan impresas
- las erratas por él apuntadas, para cada un libro de los que así fueren
- impresos, para que se tase el precio que por cada volume hubiéredes de
- haber. Y mandamos al impresor que así imprimiere el dicho libro, no imprima
- el principio ni el primer pliego dél, ni entregue más de un solo libro con
- el original al autor, o persona a cuya costa lo imprimiere, ni otro alguno,
- para efeto de la dicha correción y tasa, hasta que antes y primero el dicho
- libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo; y, estando
- hecho, y no de otra manera, pueda imprimir el dicho principio y primer
- pliego, y sucesivamente ponga esta nuestra cédula y la aprobación, tasa y
- erratas, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en las leyes y
- premáticas destos nuestros reinos. Y mandamos a los del nuestro Consejo, y
- a otras cualesquier justicias dellos, guarden y cumplan esta nuestra cédula
- y lo en ella contenido. Fecha en Valladolid, a veinte y seis días del mes
- de setiembre de mil y seiscientos y cuatro años.</p>
- <p>YO, EL REY.</p>
- <p>Por mandado del Rey nuestro señor:</p>
- <p>Juan de Amezqueta.</p>
- <h3><a id="id_1_duque"></a>AL DUQUE DE BÉJAR,</h3>
- <p>marqués de Gibraleón, conde de Benalcázar y Bañares, vizconde de La Puebla de
- Alcocer, señor de las villas de Capilla, Curiel y Burguillos</p>
- <p>En fe del buen acogimiento y honra que hace Vuestra Excelencia a toda
- suerte de libros, como príncipe tan inclinado a favorecer las buenas artes,
- mayormente las que por su nobleza no se abaten al servicio y granjerías del
- vulgo, he determinado de sacar a luz al Ingenioso hidalgo don Quijote de la
- Mancha, al abrigo del clarísimo nombre de Vuestra Excelencia, a quien, con
- el acatamiento que debo a tanta grandeza, suplico le reciba agradablemente
- en su protección, para que a su sombra, aunque desnudo de aquel precioso
- ornamento de elegancia y erudición de que suelen andar vestidas las obras
- que se componen en las casas de los hombres que saben, ose parecer
- seguramente en el juicio de algunos que, continiéndose en los límites de su
- ignorancia, suelen condenar con más rigor y menos justicia los trabajos
- ajenos; que, poniendo los ojos la prudencia de Vuestra Excelencia en mi
- buen deseo, fío que no desdeñará la cortedad de tan humilde servicio.</p>
- <p>Miguel de Cervantes Saavedra.</p>
- <h3><a id="id_1_prologo"></a>PRÓLOGO</h3>
- <p>Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este
- libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y
- más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al
- orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así,
- ¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la
- historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos
- varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en
- una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste
- ruido hace su habitación? El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los
- campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud
- del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren
- fecundas y ofrezcan partos al mundo que le colmen de maravilla y de
- contento. Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y el
- amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas,
- antes las juzga por discreciones y lindezas y las cuenta a sus amigos por
- agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de
- Don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte, casi
- con las lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, que
- perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres; y ni eres su
- pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío
- como el más pintado, y estás en tu casa, donde eres señor della, como el
- rey de sus alcabalas, y sabes lo que comúnmente se dice: que debajo de mi
- manto, al rey mato. Todo lo cual te esenta y hace libre de todo respecto y
- obligación; y así, puedes decir de la historia todo aquello que te
- pareciere, sin temor que te calunien por el mal ni te premien por el bien
- que dijeres della.</p>
- <p>Sólo quisiera dártela monda y desnuda, sin el ornato de prólogo, ni de la
- inumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios
- que al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé decir que,
- aunque me costó algún trabajo componerla, ninguno tuve por mayor que hacer
- esta prefación que vas leyendo. Muchas veces tomé la pluma para escribille,
- y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y, estando una suspenso,
- con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano
- en la mejilla, pensando lo que diría, entró a deshora un amigo mío,
- gracioso y bien entendido, el cual, viéndome tan imaginativo, me preguntó
- la causa; y, no encubriéndosela yo, le dije que pensaba en el prólogo que
- había de hacer a la historia de don Quijote, y que me tenía de suerte que
- ni quería hacerle, ni menos sacar a luz las hazañas de tan noble caballero.</p>
- <p>— Porque, ¿cómo queréis vos que no me tenga confuso el qué dirá el antiguo
- legislador que llaman vulgo cuando vea que, al cabo de tantos años como ha
- que duermo en el silencio del olvido, salgo ahora, con todos mis años a
- cuestas, con una leyenda seca como un esparto, ajena de invención, menguada
- de estilo, pobre de concetos y falta de toda erudición y doctrina; sin
- acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo
- que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de
- sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos, que
- admiran a los leyentes y tienen a sus autores por hombres leídos, eruditos
- y elocuentes? ¡Pues qué, cuando citan la Divina Escritura! No dirán sino
- que son unos santos Tomases y otros doctores de la Iglesia; guardando en
- esto un decoro tan ingenioso, que en un renglón han pintado un enamorado
- destraído y en otro hacen un sermoncico cristiano, que es un contento y un
- regalo oílle o leelle. De todo esto ha de carecer mi libro, porque ni tengo
- qué acotar en el margen, ni qué anotar en el fin, ni menos sé qué autores
- sigo en él, para ponerlos al principio, como hacen todos, por las letras
- del A.B.C., comenzando en Aristóteles y acabando en Xenofonte y en Zoílo o
- Zeuxis, aunque fue maldiciente el uno y pintor el otro. También ha de
- carecer mi libro de sonetos al principio, a lo menos de sonetos cuyos
- autores sean duques, marqueses, condes, obispos, damas o poetas
- celebérrimos; aunque, si yo los pidiese a dos o tres oficiales amigos, yo
- sé que me los darían, y tales, que no les igualasen los de aquellos que
- tienen más nombre en nuestra España. En fin, señor y amigo mío —proseguí—,
- yo determino que el señor don Quijote se quede sepultado en sus archivos en
- la Mancha, hasta que el cielo depare quien le adorne de tantas cosas como
- le faltan; porque yo me hallo incapaz de remediarlas, por mi insuficiencia
- y pocas letras, y porque naturalmente soy poltrón y perezoso de andarme
- buscando autores que digan lo que yo me sé decir sin ellos. De aquí nace la
- suspensión y elevamiento, amigo, en que me hallastes; bastante causa para
- ponerme en ella la que de mí habéis oído.</p>
- <p>Oyendo lo cual mi amigo, dándose una palmada en la frente y disparando en
- una carga de risa, me dijo:</p>
- <p>— Por Dios, hermano, que agora me acabo de desengañar de un engaño en que he
- estado todo el mucho tiempo que ha que os conozco, en el cual siempre os he
- tenido por discreto y prudente en todas vuestras aciones. Pero agora veo
- que estáis tan lejos de serlo como lo está el cielo de la tierra. ¿Cómo que
- es posible que cosas de tan poco momento y tan fáciles de remediar puedan
- tener fuerzas de suspender y absortar un ingenio tan maduro como el
- vuestro, y tan hecho a romper y atropellar por otras dificultades mayores?
- A la fe, esto no nace de falta de habilidad, sino de sobra de pereza y
- penuria de discurso. ¿Queréis ver si es verdad lo que digo? Pues estadme
- atento y veréis cómo, en un abrir y cerrar de ojos, confundo todas vuestras
- dificultades y remedio todas las faltas que decís que os suspenden y
- acobardan para dejar de sacar a la luz del mundo la historia de vuestro
- famoso don Quijote, luz y espejo de toda la caballería andante.</p>
- <p>— Decid —le repliqué yo, oyendo lo que me decía—: ¿de qué modo pensáis
- llenar el vacío de mi temor y reducir a claridad el caos de mi confusión?</p>
- <p>A lo cual él dijo:</p>
- <p>— Lo primero en que reparáis de los sonetos, epigramas o elogios que os
- faltan para el principio, y que sean de personajes graves y de título, se
- puede remediar en que vos mesmo toméis algún trabajo en hacerlos, y después
- los podéis bautizar y poner el nombre que quisiéredes, ahijándolos al
- Preste Juan de las Indias o al Emperador de Trapisonda, de quien yo sé que
- hay noticia que fueron famosos poetas; y cuando no lo hayan sido y hubiere
- algunos pedantes y bachilleres que por detrás os muerdan y murmuren desta
- verdad, no se os dé dos maravedís; porque, ya que os averigüen la mentira,
- no os han de cortar la mano con que lo escribistes.</p>
- <p>»En lo de citar en las márgenes los libros y autores de donde sacáredes las
- sentencias y dichos que pusiéredes en vuestra historia, no hay más sino
- hacer, de manera que venga a pelo, algunas sentencias o latines que vos
- sepáis de memoria, o, a lo menos, que os cuesten poco trabajo el buscalle;
- como será poner, tratando de libertad y cautiverio:</p>
- <p class="verse">Non bene pro toto libertas venditur auro.</p>
- <p>Y luego, en el margen, citar a Horacio, o a quien lo dijo. Si tratáredes
- del poder de la muerte, acudir luego con:</p>
- <p class="verse">Pallida mors aequo pulsat pede pauperum tabernas,<br>
- Regumque turres.</p>
- <p>Si de la amistad y amor que Dios manda que se tenga al enemigo, entraros
- luego al punto por la Escritura Divina, que lo podéis hacer con tantico de
- curiosidad, y decir las palabras, por lo menos, del mismo Dios: Ego autem
- dico vobis: diligite inimicos vestros. Si tratáredes de malos pensamientos,
- acudid con el Evangelio: De corde exeunt cogitationes malae. Si de la
- instabilidad de los amigos, ahí está Catón, que os dará su dístico:</p>
- <p class="verse">Donec eris felix, multos numerabis amicos,<br>
- tempora si fuerint nubila, solus eris.</p>
- <p>Y con estos latinicos y otros tales os tendrán siquiera por gramático, que
- el serlo no es de poca honra y provecho el día de hoy.</p>
- <p>»En lo que toca el poner anotaciones al fin del libro, seguramente lo
- podéis hacer desta manera: si nombráis algún gigante en vuestro libro,
- hacelde que sea el gigante Golías, y con sólo esto, que os costará casi
- nada, tenéis una grande anotación, pues podéis poner: El gigante Golías, o
- Goliat, fue un filisteo a quien el pastor David mató de una gran pedrada en
- el valle de Terebinto, según se cuenta en el Libro de los Reyes, en el
- capítulo que vos halláredes que se escribe. Tras esto, para mostraros
- hombre erudito en letras humanas y cosmógrafo, haced de modo como en
- vuestra historia se nombre el río Tajo, y veréisos luego con otra famosa
- anotación, poniendo: El río Tajo fue así dicho por un rey de las Españas;
- tiene su nacimiento en tal lugar y muere en el mar océano, besando los
- muros de la famosa ciudad de Lisboa; y es opinión que tiene las arenas de
- oro, etc. Si tratáredes de ladrones, yo os diré la historia de Caco, que la
- sé de coro; si de mujeres rameras, ahí está el obispo de Mondoñedo, que os
- prestará a Lamia, Laida y Flora, cuya anotación os dará gran crédito; si de
- crueles, Ovidio os entregará a Medea; si de encantadores y hechiceras,
- Homero tiene a Calipso, y Virgilio a Circe; si de capitanes valerosos, el
- mesmo Julio César os prestará a sí mismo en sus Comentarios, y Plutarco os
- dará mil Alejandros. Si tratáredes de amores, con dos onzas que sepáis de
- la lengua toscana, toparéis con León Hebreo, que os hincha las medidas. Y
- si no queréis andaros por tierras extrañas, en vuestra casa tenéis a
- Fonseca, Del amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos y el más
- ingenioso acertare a desear en tal materia. En resolución, no hay más sino
- que vos procuréis nombrar estos nombres, o tocar estas historias en la
- vuestra, que aquí he dicho, y dejadme a mí el cargo de poner las
- anotaciones y acotaciones; que yo os voto a tal de llenaros las márgenes y
- de gastar cuatro pliegos en el fin del libro.</p>
- <p>»Vengamos ahora a la citación de los autores que los otros libros tienen,
- que en el vuestro os faltan. El remedio que esto tiene es muy fácil, porque
- no habéis de hacer otra cosa que buscar un libro que los acote todos, desde
- la A hasta la Z, como vos decís. Pues ese mismo abecedario pondréis vos en
- vuestro libro; que, puesto que a la clara se vea la mentira, por la poca
- necesidad que vos teníades de aprovecharos dellos, no importa nada; y quizá
- alguno habrá tan simple, que crea que de todos os habéis aprovechado en la
- simple y sencilla historia vuestra; y, cuando no sirva de otra cosa, por lo
- menos servirá aquel largo catálogo de autores a dar de improviso autoridad
- al libro. Y más, que no habrá quien se ponga a averiguar si los seguistes o
- no los seguistes, no yéndole nada en ello. Cuanto más que, si bien caigo en
- la cuenta, este vuestro libro no tiene necesidad de ninguna cosa de
- aquellas que vos decís que le falta, porque todo él es una invectiva contra
- los libros de caballerías, de quien nunca se acordó Aristóteles, ni dijo
- nada San Basilio, ni alcanzó Cicerón; ni caen debajo de la cuenta de sus
- fabulosos disparates las puntualidades de la verdad, ni las observaciones
- de la astrología; ni le son de importancia las medidas geométricas, ni la
- confutación de los argumentos de quien se sirve la retórica; ni tiene para
- qué predicar a ninguno, mezclando lo humano con lo divino, que es un género
- de mezcla de quien no se ha de vestir ningún cristiano entendimiento. Sólo
- tiene que aprovecharse de la imitación en lo que fuere escribiendo; que,
- cuanto ella fuere más perfecta, tanto mejor será lo que se escribiere. Y,
- pues esta vuestra escritura no mira a más que a deshacer la autoridad y
- cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías, no
- hay para qué andéis mendigando sentencias de filósofos, consejos de la
- Divina Escritura, fábulas de poetas, oraciones de retóricos, milagros de
- santos, sino procurar que a la llana, con palabras significantes, honestas
- y bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo;
- pintando, en todo lo que alcanzáredes y fuere posible, vuestra intención,
- dando a entender vuestros conceptos sin intricarlos y escurecerlos.
- Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a
- risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se
- admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de
- alabarla. En efecto, llevad la mira puesta a derribar la máquina mal
- fundada destos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y alabados de
- muchos más; que si esto alcanzásedes, no habríades alcanzado poco.</p>
- <p>Con silencio grande estuve escuchando lo que mi amigo me decía, y de tal
- manera se imprimieron en mí sus razones que, sin ponerlas en disputa, las
- aprobé por buenas y de ellas mismas quise hacer este prólogo; en el cual
- verás, lector suave, la discreción de mi amigo, la buena ventura mía en
- hallar en tiempo tan necesitado tal consejero, y el alivio tuyo en hallar
- tan sincera y tan sin revueltas la historia del famoso don Quijote de la
- Mancha, de quien hay opinión, por todos los habitadores del distrito del
- campo de Montiel, que fue el más casto enamorado y el más valiente
- caballero que de muchos años a esta parte se vio en aquellos contornos. Yo
- no quiero encarecerte el servicio que te hago en darte a conocer tan noble
- y tan honrado caballero, pero quiero que me agradezcas el conocimiento que
- tendrás del famoso Sancho Panza, su escudero, en quien, a mi parecer, te
- doy cifradas todas las gracias escuderiles que en la caterva de los libros
- vanos de caballerías están esparcidas.</p>
- <p>Y con esto, Dios te dé salud, y a mí no olvide. Vale.</p>
- <h3><a id="id_1_libro"></a>AL LIBRO DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA</h3>
- <p class="verse">Urganda la desconocida<br>
- Si de llegarte a los bue-,<br>
- libro, fueres con letu-,<br>
- no te dirá el boquirru-<br>
- que no pones bien los de-.<br>
- Mas si el pan no se te cue-<br>
- por ir a manos de idio-,<br>
- verás de manos a bo-,<br>
- aun no dar una en el cla-,<br>
- si bien se comen las ma-<br>
- por mostrar que son curio-.<br>
- Y, pues la expiriencia ense-<br>
- que el que a buen árbol se arri-<br>
- buena sombra le cobi-,<br>
- en Béjar tu buena estre-<br>
- un árbol real te ofre-<br>
- que da príncipes por fru-,<br>
- en el cual floreció un du-<br>
- que es nuevo Alejandro Ma-:<br>
- llega a su sombra, que a osa-<br>
- favorece la fortu-.<br>
- De un noble hidalgo manche-<br>
- contarás las aventu-,<br>
- a quien ociosas letu-,<br>
- trastornaron la cabe-:<br>
- damas, armas, caballe-,<br>
- le provocaron de mo-,<br>
- que, cual Orlando furio-,<br>
- templado a lo enamora-,<br>
- alcanzó a fuerza de bra-<br>
- a Dulcinea del Tobo-.<br>
- No indiscretos hieroglí-<br>
- estampes en el escu-,<br>
- que, cuando es todo figu-,<br>
- con ruines puntos se envi-.<br>
- Si en la dirección te humi-,</p>
- <p class="verse">no dirá, mofante, algu-:<br>
- ''¡Qué don Álvaro de Lu-,<br>
- qué Anibal el de Carta-,<br>
- qué rey Francisco en Espa-<br>
- se queja de la Fortu-!''<br>
- Pues al cielo no le plu-<br>
- que salieses tan ladi-<br>
- como el negro Juan Lati-,<br>
- hablar latines rehú-.<br>
- No me despuntes de agu-,<br>
- ni me alegues con filó-,<br>
- porque, torciendo la bo-,<br>
- dirá el que entiende la le-,<br>
- no un palmo de las ore-:<br>
- ''¿Para qué conmigo flo-?''<br>
- No te metas en dibu-,<br>
- ni en saber vidas aje-,<br>
- que, en lo que no va ni vie-,</p>
- <p class="verse">pasar de largo es cordu-.<br>
- Que suelen en caperu-<br>
- darles a los que grace-;<br>
- mas tú quémate las ce-<br>
- sólo en cobrar buena fa-;<br>
- que el que imprime neceda-<br>
- dalas a censo perpe-.<br>
- Advierte que es desati-,<br>
- siendo de vidrio el teja-,<br>
- tomar piedras en las ma-<br>
- para tirar al veci-.<br>
- Deja que el hombre de jui-,<br>
- en las obras que compo-,<br>
- se vaya con pies de plo-;<br>
- que el que saca a luz pape-<br>
- para entretener donce-<br>
- escribe a tontas y a lo-.</p>
- <p>AMADÍS DE GAULA A DON QUIJOTE DE LA MANCHA</p>
- <p>Soneto</p>
- <p class="verse">Tú, que imitaste la llorosa vida<br>
- que tuve, ausente y desdeñado sobre<br>
- el gran ribazo de la Peña Pobre,<br>
- de alegre a penitencia reducida;<br>
- tú, a quien los ojos dieron la bebida<br>
- de abundante licor, aunque salobre,<br>
- y alzándote la plata, estaño y cobre,<br>
- te dio la tierra en tierra la comida,<br>
- vive seguro de que eternamente,<br>
- en tanto, al menos, que en la cuarta esfera,<br>
- sus caballos aguije el rubio Apolo,<br>
- tendrás claro renombre de valiente;<br>
- tu patria será en todas la primera;<br>
- tu sabio autor, al mundo único y solo.</p>
- <p>DON BELIANÍS DE GRECIA A DON QUIJOTE DE LA MANCHA</p>
- <p>Soneto</p>
- <p class="verse">Rompí, corté, abollé, y dije y hice<br>
- más que en el orbe caballero andante;<br>
- fui diestro, fui valiente, fui arrogante;<br>
- mil agravios vengué, cien mil deshice.<br>
- Hazañas di a la Fama que eternice;<br>
- fui comedido y regalado amante;<br>
- fue enano para mí todo gigante,<br>
- y al duelo en cualquier punto satisfice.<br>
- Tuve a mis pies postrada la Fortuna,<br>
- y trajo del copete mi cordura<br>
- a la calva Ocasión al estricote.<br>
- Más, aunque sobre el cuerno de la luna<br>
- siempre se vio encumbrada mi ventura,<br>
- tus proezas envidio, ¡oh gran Quijote!</p>
- <p>LA SEÑORA ORIANA A DULCINEA DEL TOBOSO</p>
- <p>Soneto</p>
- <p class="verse">¡Oh, quién tuviera, hermosa Dulcinea,<br>
- por más comodidad y más reposo,<br>
- a Miraflores puesto en el Toboso,<br>
- y trocara sus Londres con tu aldea!<br>
- ¡Oh, quién de tus deseos y librea<br>
- alma y cuerpo adornara, y del famoso<br>
- caballero que hiciste venturoso<br>
- mirara alguna desigual pelea!<br>
- ¡Oh, quién tan castamente se escapara<br>
- del señor Amadís como tú hiciste<br>
- del comedido hidalgo don Quijote!<br>
- Que así envidiada fuera, y no envidiara,<br>
- y fuera alegre el tiempo que fue triste,<br>
- y gozara los gustos sin escote.</p>
- <p>GANDALÍN, ESCUDERO DE AMADÍS DE GAULA, A SANCHO PANZA, ESCUDERO DE DON QUIJOTE</p>
- <p>Soneto</p>
- <p class="verse">Salve, varón famoso, a quien Fortuna,<br>
- cuando en el trato escuderil te puso,<br>
- tan blanda y cuerdamente lo dispuso,<br>
- que lo pasaste sin desgracia alguna.<br>
- Ya la azada o la hoz poco repugna<br>
- al andante ejercicio; ya está en uso<br>
- la llaneza escudera, con que acuso<br>
- al soberbio que intenta hollar la luna.<br>
- Envidio a tu jumento y a tu nombre,<br>
- y a tus alforjas igualmente invidio,<br>
- que mostraron tu cuerda providencia.<br>
- Salve otra vez, ¡oh Sancho!, tan buen hombre,<br>
- que a solo tú nuestro español Ovidio<br>
- con buzcorona te hace reverencia.</p>
- <p>DEL DONOSO, POETA ENTREVERADO, A SANCHO PANZA Y ROCINANTE</p>
- <p class="verse">Soy Sancho Panza, escude-<br>
- del manchego don Quijo-.<br>
- Puse pies en polvoro-,<br>
- por vivir a lo discre-;<br>
- que el tácito Villadie-<br>
- toda su razón de esta-<br>
- cifró en una retira-,<br>
- según siente Celesti-,<br>
- libro, en mi opinión, divi-<br>
- si encubriera más lo huma-.<br>
- A Rocinante<br>
- Soy Rocinante, el famo-<br>
- bisnieto del gran Babie-.<br>
- Por pecados de flaque-,<br>
- fui a poder de un don Quijo-.<br>
- Parejas corrí a lo flo-;<br>
- mas, por uña de caba-,<br>
- no se me escapó ceba-;<br>
- que esto saqué a Lazari-<br>
- cuando, para hurtar el vi-<br>
- al ciego, le di la pa-.</p>
- <p>ORLANDO FURIOSO A DON QUIJOTE DE LA MANCHA</p>
- <p>Soneto</p>
- <p class="verse">Si no eres par, tampoco le has tenido:<br>
- que par pudieras ser entre mil pares;<br>
- ni puede haberle donde tú te hallares,<br>
- invito vencedor, jamás vencido.<br>
- Orlando soy, Quijote, que, perdido<br>
- por Angélica, vi remotos mares,<br>
- ofreciendo a la Fama en sus altares<br>
- aquel valor que respetó el olvido.<br>
- No puedo ser tu igual; que este decoro<br>
- se debe a tus proezas y a tu fama,<br>
- puesto que, como yo, perdiste el seso.<br>
- Mas serlo has mío, si al soberbio moro<br>
- y cita fiero domas, que hoy nos llama<br>
- iguales en amor con mal suceso.</p>
- <p>EL CABALLERO DEL FEBO A DON QUIJOTE DE LA MANCHA</p>
- <p>Soneto</p>
- <p class="verse">A vuestra espada no igualó la mía,<br>
- Febo español, curioso cortesano,<br>
- ni a la alta gloria de valor mi mano,<br>
- que rayo fue do nace y muere el día.<br>
- Imperios desprecié; la monarquía<br>
- que me ofreció el Oriente rojo en vano<br>
- dejé, por ver el rostro soberano<br>
- de Claridiana, aurora hermosa mía.<br>
- Améla por milagro único y raro,<br>
- y, ausente en su desgracia, el propio infierno<br>
- temió mi brazo, que domó su rabia.<br>
- Mas vos, godo Quijote, ilustre y claro,<br>
- por Dulcinea sois al mundo eterno,<br>
- y ella, por vos, famosa, honesta y sabia.</p>
- <p>DE SOLISDÁN A DON QUIJOTE DE LA MANCHA</p>
- <p>Soneto</p>
- <p class="verse">Maguer, señor Quijote, que sandeces<br>
- vos tengan el cerbelo derrumbado,<br>
- nunca seréis de alguno reprochado<br>
- por home de obras viles y soeces.<br>
- Serán vuesas fazañas los joeces,<br>
- pues tuertos desfaciendo habéis andado,<br>
- siendo vegadas mil apaleado<br>
- por follones cautivos y raheces.<br>
- Y si la vuesa linda Dulcinea<br>
- desaguisado contra vos comete,<br>
- ni a vuesas cuitas muestra buen talante,<br>
- en tal desmán, vueso conorte sea<br>
- que Sancho Panza fue mal alcagüete,<br>
- necio él, dura ella, y vos no amante.</p>
- <p>DIÁLOGO ENTRE BABIECA Y ROCINANTE</p>
- <p>Soneto</p>
- <p class="verse">B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?<br>
- R. Porque nunca se come, y se trabaja.<br>
- B. Pues, ¿qué es de la cebada y de la paja?<br>
- R. No me deja mi amo ni un bocado.<br>
- B. Andá, señor, que estáis muy mal criado,<br>
- pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.<br>
- R. Asno se es de la cuna a la mortaja.<br>
- ¿Queréislo ver? Miraldo enamorado.<br>
- B. ¿Es necedad amar? R. No es gran prudencia.<br>
- B. Metafísico estáis. R. Es que no como.<br>
- B. Quejaos del escudero. R. No es bastante.<br>
- ¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,<br>
- si el amo y escudero o mayordomo<br>
- son tan rocines como Rocinante?</p>
- <p>Primera parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha</p>
- <h3><a id="id_1_primero"></a>Capítulo primero. Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo
- don Quijote de la Mancha</h3>
- <p>En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho
- tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua,
- rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero,
- salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los
- viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres
- partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de
- velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de
- entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una
- ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte,
- y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la
- podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de
- complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo
- de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada,
- que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben;
- aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba
- Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración
- dél no se salga un punto de la verdad.</p>
- <p>Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba
- ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con
- tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la
- caza, y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad
- y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para
- comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos
- cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como
- los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su
- prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más
- cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en
- muchas partes hallaba escrito: La razón de la sinrazón que a mi razón se
- hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la
- vuestra fermosura. Y también cuando leía: ...los altos cielos que de
- vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen
- merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza.</p>
- <p>Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por
- entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las
- entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba
- muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se
- imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de
- tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con
- todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella
- inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle
- fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera,
- y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo
- estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar —que era
- hombre docto, graduado en Sigüenza—, sobre cuál había sido mejor caballero:
- Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del
- mesmo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si
- alguno se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula,
- porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero
- melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le
- iba en zaga.</p>
- <p>En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las
- noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así,
- del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino
- a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los
- libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos,
- heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y
- asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella
- máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no
- había otra historia más cierta en el mundo. Decía él que el Cid Ruy Díaz
- había sido muy buen caballero, pero que no tenía que ver con el Caballero
- de la Ardiente Espada, que de sólo un revés había partido por medio dos
- fieros y descomunales gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio,
- porque en Roncesvalles había muerto a Roldán el encantado, valiéndose de la
- industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre
- los brazos. Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de
- aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él
- solo era afable y bien criado. Pero, sobre todos, estaba bien con Reinaldos
- de Montalbán, y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos
- topaba, y cuando en allende robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro,
- según dice su historia. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de
- Galalón, al ama que tenía, y aun a su sobrina de añadidura.</p>
- <p>En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pensamiento
- que jamás dio loco en el mundo; y fue que le pareció convenible y
- necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su
- república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus
- armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que
- él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo
- género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos,
- cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado por el valor
- de su brazo, por lo menos, del imperio de Trapisonda; y así, con estos tan
- agradables pensamientos, llevado del estraño gusto que en ellos sentía, se
- dio priesa a poner en efeto lo que deseaba.</p>
- <p>Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus
- bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había que
- estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor
- que pudo, pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de
- encaje, sino morrión simple; mas a esto suplió su industria, porque de
- cartones hizo un modo de media celada, que, encajada con el morrión, hacían
- una apariencia de celada entera. Es verdad que para probar si era fuerte y
- podía estar al riesgo de una cuchillada, sacó su espada y le dio dos
- golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que había hecho en una
- semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la había hecho
- pedazos, y, por asegurarse deste peligro, la tornó a hacer de nuevo,
- poniéndole unas barras de hierro por de dentro, de tal manera que él quedó
- satisfecho de su fortaleza; y, sin querer hacer nueva experiencia della, la
- diputó y tuvo por celada finísima de encaje.</p>
- <p>Fue luego a ver su rocín, y, aunque tenía más cuartos que un real y más
- tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit, le pareció
- que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban.
- Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría; porque, según
- se decía él a sí mesmo, no era razón que caballo de caballero tan famoso, y
- tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y ansí, procuraba
- acomodársele de manera que declarase quién había sido, antes que fuese de
- caballero andante, y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón
- que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobrase
- famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio
- que ya profesaba. Y así, después de muchos nombres que formó, borró y
- quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin
- le vino a llamar Rocinante: nombre, a su parecer, alto, sonoro y
- significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora
- era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo.</p>
- <p>Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo,
- y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don
- Quijote; de donde —como queda dicho— tomaron ocasión los autores desta tan
- verdadera historia que, sin duda, se debía de llamar Quijada, y no Quesada,
- como otros quisieron decir. Pero, acordándose que el valeroso Amadís no
- sólo se había contentado con llamarse Amadís a secas, sino que añadió el
- nombre de su reino y patria, por Hepila famosa, y se llamó Amadís de Gaula,
- así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y
- llamarse don Quijote de la Mancha, con que, a su parecer, declaraba muy al
- vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della.</p>
- <p>Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su
- rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra
- cosa sino buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante
- sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma. Decíase él
- a sí:</p>
- <p>— Si yo, por malos de mis pecados, o por mi buena suerte, me encuentro por
- ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros
- andantes, y le derribo de un encuentro, o le parto por mitad del cuerpo, o,
- finalmente, le venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle
- presentado y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga
- con voz humilde y rendido: ''Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro,
- señor de la ínsula Malindrania, a quien venció en singular batalla el
- jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, el cual me
- mandó que me presentase ante vuestra merced, para que la vuestra grandeza
- disponga de mí a su talante''?</p>
- <p>¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso,
- y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree,
- que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen
- parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende,
- ella jamás lo supo, ni le dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a
- ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y,
- buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se
- encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del
- Toboso, porque era natural del Toboso; nombre, a su parecer, músico y
- peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas
- había puesto.</p>
- <h3><a id="id_1_ii"></a>Capítulo II. Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el
- ingenioso don Quijote</h3>
- <p>Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en
- efeto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía
- en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer,
- tuertos que enderezar, sinrazones que emendar, y abusos que mejorar y
- deudas que satisfacer. Y así, sin dar parte a persona alguna de su
- intención, y sin que nadie le viese, una mañana, antes del día, que era uno
- de los calurosos del mes de julio, se armó de todas sus armas, subió sobre
- Rocinante, puesta su mal compuesta celada, embrazó su adarga, tomó su
- lanza, y, por la puerta falsa de un corral, salió al campo con grandísimo
- contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había dado principio a su
- buen deseo. Mas, apenas se vio en el campo, cuando le asaltó un pensamiento
- terrible, y tal, que por poco le hiciera dejar la comenzada empresa; y fue
- que le vino a la memoria que no era armado caballero, y que, conforme a ley
- de caballería, ni podía ni debía tomar armas con ningún caballero; y,
- puesto que lo fuera, había de llevar armas blancas, como novel caballero,
- sin empresa en el escudo, hasta que por su esfuerzo la ganase. Estos
- pensamientos le hicieron titubear en su propósito; mas, pudiendo más su
- locura que otra razón alguna, propuso de hacerse armar caballero del
- primero que topase, a imitación de otros muchos que así lo hicieron, según
- él había leído en los libros que tal le tenían. En lo de las armas blancas,
- pensaba limpiarlas de manera, en teniendo lugar, que lo fuesen más que un
- armiño; y con esto se quietó y prosiguió su camino, sin llevar otro que
- aquel que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de
- las aventuras.</p>
- <p>Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero, iba hablando consigo
- mesmo y diciendo:</p>
- </div>
- </div>
-</body>
-</html>